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Echando mano de hemeroteca, rescato una interesante reflexión de Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría y autor, entre otros, del libro No te rindas.

El artículo fue publicado en el diario El Mundo el pasado 11 de noviembre, y en él se abordan aspectos relacionados con el liderazgo, como la autoridad, el poder, las características que debe reunir un auténtico líder y la necesidad que tiene nuestra sociedad actual de tener como referentes a auténticos guías ejemplares.

Vivimos en un mundo sin líderes. Bueno, casi sin líderes. La palabra procede del inglés leader, que significa guía, el que va delante dirigiendo a un grupo, el que conduce y abre camino. Se trata de una persona que ocupa un primer plano en la sociedad y que ejerce una función de cierta autoridad. En los últimos años, los líderes se han difuminado. En esta sociedad líquida, en donde todo se mueve, gira, salta, oscila y pierde consistencia, son los deportistas de élite, especialmente los futbolistas, los que ocupan ese papel. Cuando viajo por el mundo con mis libros, mucha gente se sabe de memoria los nombres de los principales jugadores de nuestro país. Eso fuera de nuestras fronteras. Y dentro, lo mismo pero a lo grande.

Es evidente que existen otros ámbitos en donde asoman personas destacadas: la política, la economía, el arte en sus más diversas facetas, la cultura… pero ya el nivel de resonancia ha bajado muchos enteros.

Hace unos días los medios de comunicación de todo el mundo nos asombraban (y se asombraban) con una fotografía realizada en el transcurso de los disturbios originados en las calles de Vancouver tras la disputa de la Stanley Cup de hockey, en la que los Boston Bruins arrebataron el trofeo al equipo local, los Vancouver Canucks.

La imagen reflejaba a una joven pareja besándose en el suelo ajenos a los enfrentamientos entre los hinchas y la policía

La escena fue captada por el fotógrafo independiente Richard Lam, quien dijo haberse sorprendido al descubrir a la pareja cuando revisaba en su ordenador las instantáneas capturadas en el transcurso de los altercados.

El contraste entre la violencia que se percibe en torno a la pareja y la ternura expresada por ambos en forma de beso hizo pensar que se trataba de un montaje.

Esta semana asistí, invitado por la Asociación de Comerciantes de Electrodomésticos, Muebles de cocina y Autónomos, ACEMA, a una conferencia de Emilio Duró, un coach empresarial que se ha convertido en el gran gurú del optimismo y la felicidad.

Según sus propias palabras, todo su éxito se debe que alguien decidió publicar en YouTube la conferencia que impartió en el VI Congreso del Comercio Gallego celebrado en noviembre de 2008. Desde entonces, internet ha popularizado a este excelente profesional que ya gozaba de un reconocido prestigio en el mundo empresarial.

Basta con escucharle durante unos minutos para darse cuenta que no estamos ante un conferenciante cualquiera. Tiene tema, sabe escenificarlo y sus palabras resuenan con fuerza en la conciencia de los participantes. Es auténtica dinamita para la razón y un azote para las personas tristes y depresivas.

Este estudioso de la felicidad, como él mismo se define, es capaz de atenazar a su auditorio durante casi dos horas, con una conferencia que lleva por título “Coeficiente de optimismo en tiempos de cambio”, pero que también podría titularse “Engánchate a la vida” o “Pasión hasta el último suspiro”.

A diario coincidimos con muchas personas. Con algunas de ellas entramos en contacto, bien a través de un saludo en el ascensor, al realizar una compra en un establecimiento, en el transcurso de una reunión de trabajo, paseando a nuestro perro, al compartir una clase, en el gimnasio o esperando en una fila para adquirir las entradas de un concierto. Pero sólo con una mínima parte establecemos una relación que nos permita obtener un conocimiento suficiente que propicie el desarrollo de vínculos interpersonales más profundos.

En ese ciclo multicapa en el que progresan nuestras relaciones sociales vamos descubriendo a nuevos seres humanos. Algunos son realmente extraordinarios. Aparecen y discurren por nuestra vida en un momento determinado. Y al entrar en contacto con nuestra realidad incluso llegan a cautivarnos con alguna de las cualidades que atesoran. En ese momento es cuando surge la oportunidad de aprehender ese valor y transformarnos en alguien mejor.

La clave está en identificar la virtud en los demás y atrapar con fuerza cada instante en el que transcurre nuestra relación con ellos, convirtiéndolo así en algo especial.

Enfoque positivo

Suelo utilizar un truco que me proporciona grandes resultados en este campo. Busco en las personas con las que interactúo diariamente, al menos una cualidad o virtud que me sirva de referencia para aplicarla en mi propia vida. A este ejercicio le denomino enfoque positivo.

Me siento cualificado para asumir retos de envergadura. Soy un profesional joven, con poco recorrido en el tramo de los cuarenta. El tiempo ha forjado en mí aptitudes para la comunicación, así como la capacidad para crear y liderar equipos de alto rendimiento.

Mi gran vocación es la formación, aunque el marketing es el eje sobre el que gira mi trayectoria profesional. Me gusta pensar que soy un estratega y un ideólogo, aunque hace poco alguien me calificó como “hombre de soluciones”.

Tengo experiencia en el lado de la producción, así como en el de la distribución y atesoro un profundo conocimiento de varios sectores económicos. Manejo las técnicas inherentes a mi profesión y, además, desarrollo mis propias herramientas.

Y lo más importante… ¡¡¡garantizo resultados!!!