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Veo poca televisión. Prefiero leer y escribir. Pero, cuando estoy sentado ante el televisor, los momentos que considero más interesantes se producen en el transcurso de los cortes publicitarios.

Es, en ese momento, cuando mi cerebro despierta de la relajación a la que me suelen llevar el tipo de programación que normalmente visiono y comienza a analizar cada una de las piezas publicitarias que se emiten.

Mi actividad cerebral se estimula con preguntas como:

  • ¿Quién es el sujeto promotor del anuncio?
  • ¿A quién se dirige el mensaje?
  • ¿Qué objetivo tiene?
  • ¿Qué imagen quiere proyectar?
  • ¿Qué códigos utiliza?
  • ¿Cuáles son los inputs conscientes del anuncio y cuáles son los subconscientes?
  • ¿Qué efectos producirá en su target?
  • ¿Conseguirá sus objetivos?¿Por qué?
  • ¿Qué otros elementos conozco de esa campaña?
  • ¿En qué medios de comunicación y soportes publicitarios he visto más piezas?
  • ¿Por qué se está utilizando esa estrategia de comunicación?
  • ¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades de la campaña?
  • ¿Cuál es la ventaja diferencial que se publicita?
  • Además de otros detalles técnicos, como qué efectos utiliza, que agencia o productora han desarrollado la idea, la adecuación de la música al conjunto, etc…

¡¡¡Es apasionante!!!

Mis dos hijos mayores, incluso, lo han convertido en un juego en el que utilizo preguntas más básicas: ¿quién anuncia?, ¿qué objetivo tiene?, ¿cuál es el mensaje? y ¿cómo lo transmite? Espero no estar haciéndoles ningún daño irreparable. Al menos, creo que consigo que racionalicen algo tan subconsciente como es la publicidad. Además, pensar les puede resultar muy útil en la vida.

Imagino que es una deformación profesional, igual que la que puede tener un carpintero cada vez que ve un mueble o visita una tienda de mobiliario, tratando de averiguar el tipo de material de cada pieza o la técnica utilizada para la fabricación o un mecánico escuchando el ruido del motor cada vez que se sube a un vehículo.

Hace unos meses tuve el privilegio de asistir en Berlín, junto a un selecto grupo de empresarios de todo el mundo, a una conferencia de Kofi Annan, Secretario General de Naciones Unidas entre los años 1997 y 2006 y distinguido con Premio Nobel de la Paz en 2001.

Kofi Annan ha sido, y es, una de las voces más influyentes en asuntos relacionados con los Derechos Humanos, la cooperación internacional y la lucha contra el virus del SIDA, así como un gran conocedor de los retos a los que se enfrenta la comunidad internacional.

Recuerdo con especial emoción el momento en el que hizo su aparición en la sala. Bajo la luz atenuada del recinto, un potente foco guiaba los pasos de un hombre que emanaba experiencia y respeto, tan solo con su caminar lento y solemne.

Tras los aplausos de bienvenida, el silencio se hizo “atronador”. La expectación contenida de los asistentes se reflejaba en cada mirada y en cada gesto. Todo el mundo tenía sus ojos clavados en un hombre septuagenario, de origen africano, con una apariencia frágil y con una mirada profunda y serena.

Dicen que en la Abadía de Westminster está enterrado un obispo anglicano, en cuya tumba hay una inscripción que dice lo siguiente:

“Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo.

Al hacerme mayor y más sabio, descubrí que no se podía y me resigné a cambiar mi país.

También resultó imposible.

En mis últimos años, intenté desesperado cambiar al menos a mi familia más cercana, pero fue igualmente inútil.

Ahora, en mi lecho de muerte, caigo en la cuenta de que, si simplemente hubiera cambiado yo mismo en primer lugar, mi ejemplo habría transformado a mi familia. Con su inspiración y su apoyo, habría podido mejorar mi país y, ¿quién sabe?, tal vez habría cambiado el mundo”.

La reflexión tiene su enjundia. Invita a empezar por uno mismo para promover el cambio de todo lo que nos rodea.

Lo mismo ocurre con las empresas. El motor del cambio se encuentra en el corazón de la propia empresa, en las personas que trabajan en ellas.

La gestión del conocimiento

Difundir el conocimiento y la experiencia entre los profesionales que conforman las organizaciones debería ser una tarea obligatoria en todas las empresas.

El conocimiento es un activo al que, a veces, no se presta la atención que merece. La misión de la Dirección General debe centrarse también en capturar, retener, gestionar, compartir, transferir y almacenar todo el talento que existe en su empresa y ponerlo al servicio de los objetivos estratégicos de la compañía.

El aprendizaje corporativo que se obtiene de una adecuada gestión del conocimiento contribuye al desarrollo de determinadas capacidades internas que actúan una fuente de ventaja competitiva para la empresa que lo pone en práctica.

Esa es una de las preocupaciones de Óptima Gestión de Procesos S.L. Por ello, hemos desarrollado un Plan de Formación que pretende poner en valor todo el capital humano de la empresa.

Para expresarlo gráficamente, utilizamos una pirámide con varios niveles de actuación. Cada nivel representa un método de difusión del conocimiento:

  • Nivel 1. En el vértice superior situamos la formación directiva, la más especializada y la que se dirige a un menor número de personas. Para ellos hemos diseñado el programa Máster en Dirección Estratégica y Gestión de Empresas del sector Electro.
  • Nivel 2. En el segundo nivel se encuentra la formación dirigida a las empresas familiares con proyectos de relevo generacional. Para este segmento estamos preparando Fórum Nueva Generación.
  • Nivel 3. A continuación, tenemos la formación presencial, dirigida a los profesionales que desarrollan la actividad comercial de la empresa. La hemos denominado Training Óptima.
  • Nivel 4. Finalmente, en la base de la pirámide, que es la zona de mayor superficie, y por tanto, de mayor alcance, hemos situado la formación online, nuestra plataforma Campus Óptima e-Learning.

El conjunto de los cuatro niveles configuran nuestro modelo de gestión del conocimiento, y tiene como objetivos:

  • Potenciar el aprendizaje
  • Mejorar la cualificación del personal
  • Incrementar la motivación
  • Fomentar la participación
  • Desarrollar la capacidad de prescripción del Punto de Venta

El Ministerio de Defensa ha lanzado una campaña de publicidad en la que quiere resaltar la profesionalidad, el espíritu de superación y la voluntad de servicio de nuestras Fuerzas Armadas. La campaña se sintetiza perfectamente en su propio slogan: “El valor de servir”.

Valor y servicio son los ejes de la campaña y a su vez son los sentimientos que mueven y motivan a un gran colectivo humano, compuesto por hombres y mujeres, valiosos y valientes, que vela por la seguridad de los ciudadanos españoles, son garantes de la paz en países que sufren las secuelas de las guerras y siempre que ocurren catástrofes naturales tienden su mano para ayudar donde sea necesario.

Ambos términos tienen múltiples acepciones, lo cual incrementa su aportación publicitaria.

Así, valor tiene, entre otros significados:

  • Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite.
  • Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros.
  • Fuerza, actividad, eficacia o virtud de las cosas para producir sus efectos.
  • Persona que posee o a la que se le atribuyen cualidades positivas para desarrollar una determinada actividad.

Y del concepto servir se pueden resaltar las siguientes:

  • Estar al servicio de alguien
  • Ejercer un empleo o cargo propio o en lugar de alguien.
  • Aprovechar, valer, ser de utilidad.
  • Obsequiar a alguien o hacer algo en su favor, beneficio o utilidad.
  • Poner en un plato, vaso u otro recipiente la comida o la bebida que se va a tomar.

El anuncio deja de manifiesto el orgullo que sienten sus familiares, sus amigos y el que sentimos todos por las personas y profesionales que se entregan a su misión sirviendo hasta el extremo y entregando, incluso, su vida por aquellos seres humanos que les necesitan.

¿Qué tuvieron en común personajes históricos y contemporáneos tan diferentes y distantes en el tiempo como Moisés, Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, Martin Luther King o Jack Welch?

Todos han pasado a la Historia por diferentes motivos. Así por ejemplo:

  • Moisés lideró el Éxodo de los judíos que salieron de Egipto en busca de la Tierra Prometida. Vagaron 40 años por el desierto. Su figura es venerada tanto por la religión judía como por cristianos y musulmanes. Visionó un lugar mejor para su pueblo.
  • Alejandro Magno, cuyo nombre en griego significa “protector de los hombres”, fue rey de Macedonia y uno de los estrategas militares más importantes de la Historia, lo cual corroboró con la derrota del Imperio Persa. Quería conquistar el mundo y conocer dónde terminaba.
  • Julio César, además de escritor y orador, fue un líder militar y político romano que extendió la República hasta el Océano Atlántico y dictó normas y leyes para realizar numerosas reformas administrativas y económicas en Roma. Tuvo un sueño que le predecía el dominio del mundo.
  • Napoleón Bonaparte fue uno de los mayores genios militares, en el que se unían talento, carisma y capacidad de trabajo. Alcanzó el control de casi toda Europa occidental y central como fruto de sus conquistas y alianzas. Sentía un irrefrenable impulso hacia la expansión y la dominación.
  • Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz en 1964 por liderar la resistencia no violenta para poner fin a los prejuicios raciales en los Estados Unidos. “Yo tengo un sueño” fue su discurso más célebre, con el que plasmó sus deseos de igualdad entre la raza blanca y la raza negra.
  • Jack Welch, ejecutivo estadounidense, asumió la dirección de General Electric en 1981 y la convirtió a en una de las empresas más grandes del mundo con sus métodos innovadores basados en la eficiencia y competitividad. Infundió la confianza necesaria en sus trabajadores para que se responsabilizaran de la importancia de su papel en la compañía.

Son tan sólo algunos ejemplos que ilustran la existencia de personas con una serie de cualidades que les hacen ver más allá de lo que el resto del mundo puede imaginar.

Son los líderes, personas cuyas habilidades, carisma, conocimientos y experiencia les capacitan para dirigir a los demás.