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¿Cuántas veces te has planteado que te gustaría volver a empezar de cero?, ¿Y qué pasaría si pudieras aprovechar la experiencia adquirida durante años para enfrentarte a nuevos retos y a nuevos escenarios?

En ocasiones conviene “resetear” nuestra mente, es decir, limpiarla de vicios adquiridos y de limitaciones que nos impiden innovar y adaptarnos al cambio.

Empezar de cero es plantearse una nueva etapa, una nueva forma de hacer las cosas, reinventarnos a nosotros mismos y rediseñar todo lo que hemos hecho hasta el momento.

La energía y las ilusiones del primer día sólo se recuperan si nos planteamos que hoy puede ser el primer día, y mañana, y pasado mañana… La motivación siempre nace desde nuestro interior.

MerchanGame: estrategia en el punto de venta

Con este objetivo hemos diseñado MerchanGame, una herramienta de simulación para aprender a gestionar la superficie comercial del punto de venta de forma estratégica y eficiente.

El público al que se dirige está compuesto por propietarios de tiendas, directores de marketing, jefes de tienda, responsables de sección y equipos de ventas.

En su versión dedicada al sector Electro, MerchanGame fomenta el aprendizaje de los conceptos básicos del merchandising, la creatividad en el diseño del layout, la experimentación en la aplicación de nuevos conceptos comerciales, el trabajo en equipo, la iniciativa para aportar soluciones a problemas concretos y la capacidad de gestión de los participantes.

Su diseño y su dinámica pedagógica permiten al usuario transformar la perspectiva frontal que tienen de su negocio en una perspectiva aérea. Es decir, les permite ver su negocio desde arriba y desarrollar estrategias que favorezcan una optimización del surtido, una implantación del lineal más eficiente, dirigir los circuitos internos de los visitantes, convertir puntos fríos en zonas calientes, incrementar la facturación y mejorar la rentabilidad del establecimiento.

La herramienta está diseñada sobre una base imantada y recrea la planta tipo de un punto de venta.

Cuenta la leyenda que los griegos asediaron Troya durante 10 años y que ante la imposibilidad de tomar la ciudad amurallada idearon un plan de los que hoy en día calificaríamos como maquiavélico.

Construyeron un caballo gigante de madera con un interior hueco, en el que se alojaron un grupo de selectos guerreros. Las tropas griegas fingieron una retirada y dejaron el caballo abandonado a las puertas de Troya.

Confiados los troyanos, capturaron al peculiar equino y lo introdujeron en su fortaleza. Los soldados griegos esperaron a que los troyanos bajaran la guardia para abrir la escotilla del caballo y sigilosamente salir de su interior para abrir las puertas de Troya a las tropas invasoras. La ciudad fue destruida por completo.

Como cada temporada, por estas fechas, llegan las rebajas.

Este año vienen pegando muy fuerte, con descuentos del 60% y del 70%, aunque algunos comerciantes y grandes superficies ya han anunciado incluso que llegarán a rebajar los precios hasta el 80% y el 90% en algunos de sus productos.

Una locura propiciada por la confluencia de varios factores:

  • el fuerte descenso de las ventas en el comercio,
  • la presión hipotecaria que afecta a las familias y que ha provocado que el factor precio adquiera un mayor protagonismo en sus decisiones de compra.
  • la desconfianza por un futuro incierto como consecuencia de la crisis en la que estamos inmersos,
  • la necesidad que tienen muchos establecimientos de liquidar los stocks para sanear sus almacenes
  • y la premura de numerosas empresas de generar liquidez en su tesorería para afrontar sus pagos más inminentes.

Al margen de esta situación, el descuento ha sido siempre una de las prácticas de marketing más sencillas de poner en marcha. Basta con reducir el precio del producto o buscar un porcentaje reductor que atraiga la atención del posible comprador.

Estas acciones debe ir siempre acompañadas de una publicidad efectista, es decir, que resalte los precios y los porcentajes con números de gran tamaño y con vivos colores, preferiblemente el rojo, que siempre se asocia subconscientemente a barato, descuento o pérdida económica para quien lo comunica. En época de rebajas es bastante sencillo hacer uso de estas indicaciones.

Vivimos en un mundo cada vez más global, en el que la interrelación entre las personas hace que se compartan problemas comunes y que se busquen soluciones similares para afrontarlos. Por eso, la capacidad de reacción de gobiernos, empresas y personas ante cualquier circunstancia adversa se reduce a periodos temporales que rozan la inmediatez.

Al igual que civilizaciones anteriores eligieron a Dios como el núcleo de todas las cosas o movimientos culturales como el Renacimiento situaron al hombre en el núcleo de la creación, nuestro momento histórico ha elegido la Información como centro del Universo.

La Sociedad de la Información ha sustituido sigilosamente a la Sociedad Industrial. La comunicación es el eje sobre el que giran todos los cambios a una velocidad de rotación que se acelera constantemente. Internet es el máximo exponente de la capacidad del hombre para difundir información en cualquier rincón del mundo.

Nuestro planeta se está tiñendo de interculturalidad, como resultado de los continuos fenómenos migratorios que trasladan personas desde los países más pobres a lugares donde los sueños pueden hacerse realidad. Poco a poco se derriban barreras históricas que han separado países, razas y personas. La última, la elección de Barack Obama como primer Presidente de raza negra en la historia de los Estados Unidos.

Las tradiciones más fuertes se imponen sobre las más débiles y las más “comerciales” sobre las que no venden nada. La celebración creciente de Halloween, la llegada de Santa Claus a más hogares, o la inclusión de la Oktoberfest en algunas fiestas locales son tan solo algunos ejemplos de la invasión de otras costumbres.

Medio mundo se lamenta por el deterioro de un planeta que hay que cuidar, mientras otro medio piensa cómo obtener un rendimiento económico del calentamiento global y en abrir nuevas rutas comerciales por zonas que hoy todavía son gélidas e intransitables. Por fortuna, la mayoría tenemos una mayor sensibilización por el medio ambiente y creemos en un desarrollo sostenible.

Las empresas han tomado caminos opuestos. Las grandes son cada vez más grandes, llegando incluso algunas de ellas a ejercer una poderosa influencia sobre gobiernos y países. Las pequeñas sufren los efectos de un mundo global que devora a las menos capacitadas para competir y elimina todas las estructuras ineficientes que encuentra a su paso.

Dentro de un tejido empresarial que está en constante evolución y repleto de incertidumbres, muchos directivos de empresas demuestran una enorme capacidad de adaptación ante la vorágine de cambios. Gestionan en vivo y en directo, ante cualquier circunstancia que se presente. Es el live management, una tendencia que exige profesionales altamente cualificados, con mentalidad global y con capacidad de tomar decisiones en el momento y en el lugar del mundo en el que se encuentren. Son profesionales que saben interpretar adecuadamente su momento en el tiempo y son capaces de dar una respuesta eficaz a las nuevas exigencias de un entorno cada vez más complicado.

En este panorama, emergen con fuerza dos tipos de entidades empresariales, las verticales y las horizontales.

Uno de los primeros efectos que producen los periodos de crisis en el bolsillo del consumidor se nota especialmente en la cesta de la compra. Movidos por la psicosis generalizada y por los mensajes inquietantes que difunden los medios de comunicación, muchos consumidores optan por reducir su presupuesto en la partida de alimentación.

Para ello, eligen diferentes alternativas:

  • Reducen la cantidad que compran de cada alimento
  • Eliminan los productos que califican como “caprichos”
  • Reducen la calidad de los productos que consideran imprescindibles
  • Compran en tiendas que perciben como “low cost”, “low price” o “hard dicount”
  • Cambian sus preferencias de marca, aunque sigan siendo marquistas
  • Sustituyen sus marcas habituales por productos más baratos de marca blanca o marca de distribución, como Carrefour, Hipercor, Hacendado, Aliada, Auchan o Aro Rojo.

La última campaña de publicidad con la que Danone está promocionando tres de sus productos estrella, Actimel, Danonino y Activia, deja entrever claramente que la firma francesa se siente amenazada por el crecimiento de las marcas blancas.

Danone ve peligrar su posición en el mercado en unos segmentos que lidera gracias a una clara diferenciación basada en los componentes y en los beneficios relacionados con la salud, concretamente con el sistema inmunológico, el crecimiento y el tránsito intestinal.