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¿Te imaginas viajar por las principales ciudades del mundo en busca de una tendencia que se convierta en moda y que al final origine un gran negocio?

Es el trabajo de algunas personas que dedican su tiempo a observar el comportamiento de las personas, sus estilos de vida y sus hábitos en busca de un objeto, un servicio, un enfoque o una idea que pueda ser replicada con éxito en otras partes del mundo.

Coolhunters o trendhunters

Se llaman coolhunters o trendhunters, porque son auténticos cazadores de modas y de tendencias que entrenan su olfato para detectar lo que se va a llevar, la música que se va a escuchar o las experiencias que la gente va a querer vivir.

¿Para qué inventar algo que ya está inventado? Sólo hay que buscarlo, encontrarlo y readaptarlo. Esa es la misión de los coolhunters, una profesión estrechamente relacionada con el marketing y especialmente con una de sus principales disciplinas, la investigación de mercados.

Suelen ser jóvenes que trabajan como freelance para grandes empresas y que provistos de un bloc de notas, una PDA, una cámara de fotos, una videocámara o una grabadora, buscan focos de innovación en aeropuertos, bares, tiendas o en los mercadillos de los núcleos de población más importantes del planeta.

Para hacer bien su trabajo, se mezclan entre la gente observando y descodificando los gustos, estilos o forma de vestir de diferentes individuos o grupos sociales, a los que toman como fuente de inspiración para captar nuevas ideas que, más tarde, convenzan a empresarios de que la “tendencia cazada” tiene un público objetivo potencial muy amplio y que puede convertirse en un negocio lucrativo.

La intuición es su sexto sentido.

Mientras ojeaba una revista durante el vuelo de regreso de mi último viaje a Múnich, encontré un anuncio que, además de una sonrisa, despertó mi curiosidad.

Una imagen, un slogan y una marca

Con esos tres elementos los creativos de la agencia alemana afincada en Düsseldorf, Coffein Agentur fur Markenkommunikation GmbH han construido una historia potente.

La escena se sitúa en una playa desierta en la que se ve la aleta dorsal de un tiburón alejándose en el mar y dejando tras de sí toda su dentadura al tratar de morder una maleta de la marca Rimowa. En la versión alemana, una frase asevera “An dieser qualität hat sich schon so mancher die zähne ausgebissen”, que viene a significar que “Con esta calidad han sido muchos los que se han dejado los dientes”. En la versión inglesa la frase es más concisa Quality that bites back” (la calidad que te devuelve el mordisco).

La idea que transmite el anuncio es gráfica y concisa: “las maletas Rimowa son resistentes a situaciones límite”.

En la esquina inferior derecha figura el nombre de la firma germana, y debajo el slogan de posicionamiento que utiliza la marca en todas sus campañas: “Every case tells a story”, es decir, “cada maleta cuenta una historia”.

Un anuncio sencillo, impactante y eficaz.

It´s a wonderful life”. Es el título original, en inglés, de una de las obras maestras de Frank Capra y una de mis películas favoritas.

Estrenada en 1946, está considerada como una de las mejores películas de la historia, ocupando la undécima posición del ranking del American Film Institute, “AFI’s 100 Years… 100 Movies”.

Es la historia de George Bailey (James Stewart), un hombre que perseguía un sueño, pero que, por razones del destino, anteponía siempre las necesidades de los demás a las suyas propias, lo que poco a poco le iba alejando de las metas que se había propuesto alcanzar.

Varias escenas de la película dejan de manifiesto su actitud responsable y comprometida con su familia y con los habitantes de su pequeño pueblo, Bedford Falls. Siendo niño perdió la audición en uno de sus oídos por salvar a su hermano menor de morir ahogado. Años más tarde, la muerte de su padre obligó a George a hacerse cargo de la compañía de préstamos de la familia y enfrentarse al señor Potter, el empresario avaro y ambicioso que quería hacerse dueño de la población.

Hay un proverbio latino que reza: “Verba volant, scripta manent (las palabras vuelan, lo escrito queda)”. Y algo parecido es lo que siempre me ha animado a hacer uno de mis mejores amigos: “No lo digas, escríbelo. Lo escrito queda”.

Siguiendo su consejo, hace un año nacía Mi ideoBlogía con el objetivo de compartir con otras personas inquietudes sobre temas relacionados con el Marketing, la Estrategia y las Ideas aplicadas al mundo de la empresa y los negocios. A estos temas se incorporó meses más tarde un apartado dedicado al Coaching.

Desde aquel 14 de Septiembre de 2006 han transcurrido 365 intensos días en los que he combinado el tiempo dedicado a mi familia y a mi trabajo con mi bitácora. Para no restar ni un minuto a los dos primeros, he sacrificado parte de mi tiempo de descanso y de ocio, lo cual no me ha importado, ya que reflexionar, documentarme y escribir son actividades que me ayudan a “recargarme” y me proporcionan experiencias muy positivas.

En 12 meses he publicado 30 post clasificados en 4 categorías: ideas, estrategia, marketing y coaching. Aunque a priori no parezca una alta producción, debo resaltar que cada tema se ha abordado en profundidad, lo que ha requerido una dedicación importante de documentación y análisis, con el objetivo de que el artículo resultante tenga una vida útil más prolongada y aporte un valor añadido al lector.

En un reciente viaje a Budapest, tuve la oportunidad de asistir a un concierto privado del violinista húngaro Edvin Marton, un artista, de reconocida fama mundial, que tiene dos grandes características que le diferencian del resto. La primera es su extraordinario talento para mezclar la música clásica con ritmos y sonidos actuales. La segunda es que interpreta sus temas con un violín fabricado por el propio Antonio Stradivari en 1698 que perteneció a Niccolò Paganini .

Su discografía consta de 4 álbum: Sarasate (1996), Strings ‘N’ Beats (2001), Virtuoso (2004) y Stradivarius (2006). Precisamente, en su último trabajo interpreta junto a la Monte Carlo Orchesta versiones de varios temas de grandes compositores como Tosca Fantasy (Puccini), Vivaldi Spring (A. Vivaldi), Tchaikovsky Remix, Hungarian Rhapsody No. 6 (F. Liszt) o Paganini 5 (N. Paganini).

Edvin Marton saltó a la fama con su canción “Art on Ice”, interpretada en una pista de hielo ante la atenta mirada de millones de telespectadores, para acompañar las piruetas y movimientos artísticos del campeón mundial de patinaje, el ruso Evgeni Plushenko. Fue en el transcurso de los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en la ciudad italiana de Turín en 2006. Posteriormente, este tema le hizo merecedor del premio Emmy a la mejor composición del año.

La relación entre ambos artistas derivó en una sólida amistad que les llevó a crear un espectáculo que, bajo el nombre “Kings on Ice”, viaja por las principales ciudades del mundo. El 29 de Diciembre actuará en Madrid.

Su música y su entrega en cada canción no dejan indiferente a nadie, ya que un cúmulo de sensaciones acompaña cada uno de los movimientos de su arco al frotar las cuerdas de su violín, los más violentos expresan una fuerza denodada, y los más acompasados transmiten una delicadeza sublime.

Tras verlo actuar, se puede pensar que su viejo Stradivarius es como una extensión de su cuerpo, que suena al ritmo que marcan su mente, sus brazos, sus caderas, sus hombros, sus rodillas y sus pies.

Es extraordinario ver en acción a un artista con cierta imagen de cantante de pop haciendo brotar sonidos que nos trasladan a épocas anteriores en las que vivieron grandes compositores como Pucini, Vivaldi, Liszt, Tchaikovsky o el propio Paganini, y que, a su vez, es capaz de transportar a esos grandes maestros de la música a nuestros tiempos.

Todo esto sólo está al alcance de Edvin Marton, un virtuoso que tiene una máquina del tiempo perfecta, su Stradivarius.