El placer de morder la manzana

La tentación, en forma de manzana, llamó a mi puerta hace muchos años. Creo que fue a mediados de 1992. Esa primavera Apple había lanzado el Macintosh LC II, un ordenador que ofrecía muchas posibilidades a un novato marketiniano que estaba dando sus primeros pasos en el terreno profesional.

Fue mi primer mordisco a uno de los productos de Apple Inc., la compañía co-fundada y presidida por Steve Jobs, una de las figuras más importantes del mundo de las nuevas tecnologías.

Pero apenas dos años después, tras un cambio de empresa, tuve que renunciar a mi Macintosh para adaptarme a las características de los equipos dominantes en mi nuevo entorno profesional, los PC. La incompatibilidad entre sus respectivos sistemas operativos era un problema insalvable en aquellos momentos.

Como profesional del marketing siempre me he sentido un Apple fan. El reconocimiento de marca es tan elevado que basta con ver el símbolo de la manzana para asociarlo a los valores que acompañas a sus productos. Hay muy pocas marcas en el mundo que tengan esa virtud.


Think different

Con el retorno de Jobs a la compañía, en 1997, tras su salida en 1985, y con el lanzamiento de la famosa campaña publicitaria “Think different” Apple fue recuperando el terreno perdido en el mercado durante varios años de declive y de rotundos fracasos.

Jobs es Apple y Apple es Jobs

Desde 1998 los lanzamientos de producto de la compañía se han convertido en un auténtico espectáculo mediático y en un desafío para sus competidores.

Es una tradición ver a Steve Jobs, con jersey negro, vaqueros y zapatillas deportivas, presentando sus lanzamientos de producto en el marco de la MacWorld Conference que se celebra anualmente en San Francisco.

Durante los días sucesivos, los distribuidores de Apple de todo el mundo reciben largas filas de personas dispuestas a adquirir el nuevo producto. El marketing de Apple es una maquinaria imparable que incrementa a diario el número de usuarios y adeptos.

El secreto de su mix de marketing se fundamenta en los siguientes aspectos:

  • Su portfolio de familias y productos siguen una arquitectura de marca simple y relacionada con su funcionalidad (iMac, Macbook, iPhone, iPod, iPad, iLife…). Todos ellos destacan por la innovación el diseño y la facilidad de uso.
  • La distribución es muy selectiva, destacando el papel de sus más de 300 tiendas propias así como los Apple Premium Resellers, que ofrecen experiencias de compra únicas. Además, cuenta con su propia iStore para realizar pedidos online.
  • La comunicación queda casi en manos de los fans o seguidores de la marca. Además de la publicidad convencional, en la que se destacan las virtudes del producto (innovación, diseño y facilidad de uso), desde la propia firma se lanzan filtraciones controladas antes de cualquier lanzamiento que derivan en rumores, posts en internet, artículos en prensa y en temas de conversación entre los actuales y futuros usuarios de los productos. Apple tiene presencia en diferentes redes sociales.
  • El precio es el único “pero”, dado que los productos de la firma son más caros que los de sus competidores. Caros y con márgenes escasos para los distribuidores. Aunque con una demanda en alza y un incremento anual de los ingresos, parece muy improbable que la compañía se replantee su estrategia de precios.

Un discurso para la posteridad

El 12 de junio de 2005 Steve Jobs, CEO de Apple, impartió una clase magistral durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford, bajo la atenta mirada de las más de 23.000 personas asistentes.

El discurso llevaba por título “You’ve got to find what you love (Tenéis que encontrar aquello que amáis)”. Y decía lo siguiente:

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo.

La verdad sea dicha, yo nunca me gradué.

A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.

Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

  1. La primera historia versa sobre «conectar los puntos».

    Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo.

    Entonces, ¿por qué lo dejé?
    Comenzó antes de que yo naciera.

    Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.

    Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:
    – “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
    – “Por supuesto”, dijeron ellos.

    Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.

    Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una Universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.

    Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.

    Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.

    En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.

    En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos. Devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dinero para comer y caminaba más de 10 Km. los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.

    Me encantaba.

    Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

    Os daré un ejemplo: en aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.

    Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí asistir al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.

    Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.

    Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

    Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí. Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas.

    Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.

    Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

    De nuevo, no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro.

    Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se unirán te dará la confianza de creer en tu corazón. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

  2. Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

    Tuve suerte. Supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2.000 millones de dólares y 4.000 empleados.

    Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación, el Macintosh, un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.

    Y me despidieron.

    ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?

    Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.

    Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.

    Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard (de HP) y Bob Noyce (de Intel), e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle (Silicon Valley).

    Pero algo comenzó a abrirse paso en mí: aún amaba lo que hacía.

    El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

    No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.

    Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo.

    En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

    Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo.

    No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.

    El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis.

    Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.

    No os conforméis.

  3. Mi tercera historia es sobre la muerte.

    Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

    Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.

    Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.

    Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.

    Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.

    Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

    Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

    Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual: nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y, sin embargo, la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

    Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

    Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.

    Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog (Catálogo de toda la Tierra), una de las biblias de mi generación.

La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid.

Era como Google con tapas de cartulina, 35 años antes de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.

Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.

En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autostop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”.

Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.
Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.

Muchísimas gracias a todos.

No me canso de leerlo y releerlo. Quizás este sea un motivo más para caer nuevamente en la tentación y volver a morder la manzana.

¡¡¡Vuelvo a Apple!!!

4 comentarios

  • Luis Manuel
    13 años ago

    Buenas tardes:

    La reflexion a este discurso del Sr Jobs, es un poco profunda y muy alarmista.

    El final de cada persona llegara.Cuando no lo sabemos.

    hasta entonces creo que debemos vivir tal cual y no como si fuera el ultimo dia.

    Creo que eso nos llevaria a un pensamiento mas pausado

    Con esta filisofia y no con la del sr Jobs, creo que movemos mejor las cosas y mas frio.

    Aunque no dejo de reconocer que este señor, son de estas personas, que aun sin quererlo se convierten en sabios y mitos.

    Muy semejante, en lo que te esta ocurriendo a ti.Por lo menos para mi.

    Un abrazo.

    Luis Manuel Nuñez

  • 13 años ago

    Hola Javier,

    ¿Cómo va todo? Espero que muy bien, los últimos 3 posts muy buenos, he ido unpoco liadillo las últimás semanas pero siempre que veo el mail, me dejo caer a ver con que nueva sorpresa nos vas a deleitar.

    Me ha gustado mucho el comienzo, el análisis y el final con el discurso de Steve Jobs, aunque no te lo creas llevo tiempo pensando en escribir algo sobre él, concretamente desde el día que dijo que se iba a tomar unas pequeñas vacaciones y luego reapareció, hay un video muy bueno en youtube que cuenta como ha cambiado él, te lo recomiendo, no se si es en inglés o en español, pero merece la pena ver la evolución de este hombre que sabe gestionar como nadie!

    Un abrazo,

    Carlos del Val

  • 12 años ago

    Gracias por ofrecernos estas palabras del gran Steve Jobs. Confirma mi convencimiento que cada hombre es capaz de crear, por muy pequeño que sea, algo importante. No debemos esperar a que nos vayan a regalar algo o que nos rescate un gobierno…todo esta dentro de nosotros mismos, con nuestra propio esfuerzo y si la intuición nos dice que adelante, pues, a por ello.
    Jobs no solo nos deja los productos Apple, nos deja algo más importante, una filosofia y un ejemplo de vida.

  • 12 años ago

    Hoy ya hace un día de su muerte , pero seguirá vivo y presente en muchos corazones que como él comparten un objetivo personal querer hacer un mundo mejor.
    El mundo entero cambiará para él y el cambiará el mundo.
    Los grandes productos solamente vienen de gente apasionada , los grandes productos sólo vienen de equipos apasionados .
    Sólo unos pocos alcanzarán su gloria pero seguir sus pasos alienta el ego de la persona emprendedora.
    Seguir su camino invita a movilizar tus fuerzas internas aportando el coraje suficiente para querer hacer y hacer practicando .
    Y sí,yo recomiendo el el libro » El camino de steve Jobs » por Jay Elliot de mayo de 2011 .

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